El Jubileo de Isabel II un potentísimo marketing para Londres

Mil barcos (el mayor espectáculo naval del país en los últimos 350 años y del mundo) y más de un millón de personas que se agolpaban a las orillas del río Támesis para saludar a la reina Isabel II en el Jubileo de Diamantes por sus 60 años en el trono. La mayor operación de marketing personal de la que se enriquece, sin duda, Londres. El desfile por el Támesis de mil góndolas, veleros, traineras, barcos militares, lanchas y embarcaciones de recreo pretendió rememorar los grandes acontecimientos fluviales del pasado inmortalizados por el pintor Canaletto en el siglo XVIII.
Una demostración de la grandeza y la pompa de la familia real más famosa del mundo, que gracia a este tipo de eventos goza en estos momentos de unos niveles de popularidad históricos, gracias al apoyo que genera Isabel II, de 86 años, la única monarca que han conocido la mayoría de los británicos.
Un recorrido fluvial de once kilómetros que fortalece la imagen de la monarquía británica y de la ciudad de Londres, dos marcas imprescindible en el estilo de vida británico y de los países de la Commonwealth (54 países asociados al Reino Unido). Los valores y atributos de la corona y sociedad británica estuvieron presentes y fueron difundidos para todo el mundo. 
Los edificios al borde del Tamesis contribuyeron en este venta internacional de Londres. En el National Theatre se escenificó una escena de su obra War Horse (con el que la Reina, amante de los caballos, disfrutó especialmente) y sonó la música de James Bond al pasar ante la sede de los servicios secretos británicos (Otra marca de ficción plenamente británica). Tras terminar su recorrido de más de hora y media, Isabel II presenció el resto del desfile de tres horas desde la cubierta de su embarcación junto al puente de la Torre, que se abrió para la ocasión.
El broche final lo pusieron la Orquesta Filarmónica de Londres y su coro que desde una embarcación, bajo una lluvia torrencial, interpretaron el himno Dios salve a la Reina y unos fuegos artificiales lanzados desde el Puente de la Torre, poco antes de que se volviese a cerrar.
Este evento, uno de los más importantes de las últimas décadas en el mundo, fue meticulosamente preparado durante dos años, por su complejidad organizativa, especialmente desde el punto de vista de la seguridad y que tuvo un coste de doce millones de libras (14,8 millones de euros).

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