Los elementos cotidianos son la identidad real de las ciudades

Adjunto el magnífico e interesante artículo de Miguel Ayuso (@mayusorejas) publicado en EL CONFIDENCIAL (www.elconfidencial.com) Enhorabuena por este reportaje que contribuye en el trabajo de creación y desarrollo de la marca de una ciudad.

Cualquier europeo acostumbrado a viajar, y que haya pasado unos días en las principales capitales del continente, no tendrá problemas para distinguir una ciudad con sólo ver una fotografía de sus calles. Casi todas las grandes urbes tienen una identidad que va más allá de sus monumentos característicos, que se refleja en las fachadas de sus viviendas y su mobiliario urbano pero, ¿cuáles son en concreto estos elementos que hacen única a una ciudad?
En torno a 2004, Jan Pinkava, codirector de la laureada película de animación de Pixar, Ratatouille, se preguntó cómo mostrar la ciudad de Paris en la cinta para que fuera absolutamente reconocible. El problema era mayor de lo que podría parecer. “La principal cuestión”, explicó en su día el cineasta, “era saber qué elementos de la ciudad hacen que París sea París. En definitiva, ¿qué elementos proporcionan a la ciudad su aspecto único?”. No le quedó otra que “pasear por París durante una semana como un turista enajenado, mirando cosas, hablando sobre ellas y tomando un montón de fotos”.
El estreno de Ratatouille en 2007 coincidió con el lanzamiento de Google Street View, una herramienta del gigante estadounidense de Internet que habría facilitado enormemente el trabajo de documentación de Pinkava, y que un grupo de investigadores de la Universidad de Carnagie Mellon (Pittsburgh, EE.UU.) y la École Normale Supérieure de París ha utilizado ahora para desarrollar un novedoso software que distingue, de forma automática, los elementos característicos de cada ciudad. El programa detecta los objetos, muchas veces sutiles, como señales de tráfico, farolas o barandillas, que dan a cada ciudad una estética distinguible.
Los investigadores han trabajado con más de 250 millones elementos visuales extraídos de 40.000 imágenes de Google Street View de Paris, Londres, Nueva York, Barcelona, y otras ocho grandes ciudades de todo el mundo. Para encontrar qué elementos son distintivos de cada ciudad hay que tener en cuenta dos factores: que sean representativos y que se repitan con frecuencia. La Torre Eiffel, por ejemplo, es muy representativa, pero no se repite nunca. Y otros elementos, como árboles, coches o muros, se repiten mucho, pero no aportan ninguna información distintiva de la ciudad. El software creado por los científicos estadounidenses y franceses logra distinguir, de entre todas las fotos de calles disponibles en Google Street View, cuáles pertenecen a una ciudad concreta, debido a los elementos característicos de la misma.

En el caso de París, estos elementos son, por ejemplo, los carteles que indican los nombres de las calles (un elemento que suele ser clave en la mayoría de ciudades), las balaustradas de las ventanas o la base de los balcones. En el caso de Barcelona, la única ciudad española participante en el estudio, se distinguieron como elementos característicos distintos tipo de balcones y ventanas, los arcos característicos de los portales del Ensanche, los contenedores de basura y, curiosamente, las palmeras, el único elemento no arquitectónico de todas las ciudades del estudio que ha servido como patrón de estilo.

Una de las ventajas de trabajar con Google Street View es que cada imagen cuenta con su coordenada geográfica exacta, por lo que los elementos distintivos de cada ciudad se pueden colocar sobre un mapa, creando así una imagen de “la parte auténtica de la ciudad”. En resumidas cuentas, se pueden acotar las zonas de la ciudad que son más homogéneas estilísticamente hablando, o que tipo de elementos son característicos de ciertas partes de la ciudad.

En París, por ejemplo,se pueden trazar elementos comunes tan solo a los bulevares o a las plazas, pero también, al tratarse de un software que puede aplicarse a cualquier ciudad del mundo que haya sido escrudiñada por Google, se puede observar qué elementos se repiten en distintas ciudades. Es el caso, por ejemplo, de ciertas estructuras balconadas que son comunes a todos los ensanches europeos del siglo XIX, algo que ya sabían los expertos en la historia del urbanismo, pero que gracias a esta nueva herramienta se pueden geolocalizar, contabilizar y visualizar en muy poco tiempo, y sin la necesidad de desplazarse físicamente. Además, gracias al programa, se han identificado ciertos elementos arquitectónicos que son muy comunes en algunas ciudades, pero no en otras, algo que podría abrir la puerta a nuevos estudios sobre la evolución e influencia cultural de las mismas.
Para desarrollar el software, los científicos dividieron las imágenes de Google Street View en pequeños recuadros. Una vez descompuestas las imágenes, fueron comparando los pequeños fragmentos de cada una con los de otras instantáneas, también de distintas ciudades, para encontrar cuáles se parecían más. Tras discriminar aquellos elementos sin identidad que se repetían en todas las urbes, surgieron patrones característicos de cada ciudad, que, una vez distinguidos, se podían localizar de forma automática.
El programa podría mejorarse para que fuera capaz de analizar todo tipo de elementos, no sólo geográficos Alexei Efros, profesor asociado de robótica y ciencia computacional y coautor del programa, explica que, pese a que la búsqueda de patrones en grandes bases de datos es algo muy común, hasta ahora se había limitado a datos textuales y numéricos: “Rastrear datos visuales es mucho más complejo, y el desarrollo de la minería de datos visual se encuentra en pañales, pero creo que promete. Nuestra técnica permite analizar millones de pequeñas imágenes de forma automática, algo para lo que ningún humano tendría la suficiente paciencia. A la larga nos gustaría crear un atlas digital de todo el planeta, no sólo sobre arquitectura, sino también con elementos naturales”.
El programa, además, podría mejorarse para que fuera capaz de analizar todo tipo de elementos, no sólo geográficos, para estudiar, por ejemplo, qué hace distinguible a los productos de una determinada marca o qué patrones se repiten en la ropa que llevamos a diario. En definitiva, un abanico infinito de posibilidades para las investigaciones sociales.

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